Nos encontrábamos Pedro y yo en Versalles, una ciudad encantadora llena de luz y color, en sus calles siempre encontraras sonrisas, su gente es muy amable, solidaria y respetuosa, todas sus casas tienen enormes jardines llenos de hermosas flores de todos los colores que te puedas imaginar, en ese paraíso estábamos él y yo.
Pedro, un hombre de piel blanca, alto, delgado, con ojos dulces y tiernos de color café, cejas bien definidas, labios delgados con un sabor inigualable y ni que decir de su olor, me hacia subir a las nubes y caer derretida a sus pies.
Ese fue nuestro primer y últimos viaje juntos, hoy Pedro no esta a mi lado, ha partido a un lugar desconocido, todos los días pido para estar de nuevo a su lado y revivir esos bellos momentos en Versalles.
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